Cómo Gestionar el Impacto Negativo de Formaciones y Empleos en tu Trayectoria Profesional
Es posible que el programa de máster o la institución universitaria donde cursaste (o estás cursando) tus estudios no figuren en los rankings internacionales, pero sí se mencionan en los medios de comunicación y telediarios, vinculados a irregularidades o a prácticas cuestionables en las que participan figuras públicas, sembrando dudas sobre la autenticidad de sus credenciales académicas. El perjuicio a tu carrera profesional es subsanable, al igual que el haber trabajado en una empresa que ahora genera una pésima reputación.
En la actualidad, circula en redes sociales un tuit que se ha vuelto viral, que reza: «Ya veréis cuando terminen con los másteres y empiecen a revisar lo de ‘inglés alto'». La principal inexactitud en los currículums se refiere precisamente al nivel de conocimiento de idiomas, que tiende a ser exagerado, sin considerar lo fútil y sin sentido que resulta falsear un CV o cualquier proceso de selección. Inevitablemente, serás descubierto durante la entrevista, o gracias a los filtros de precisión que los reclutadores emplean en su proceso de selección.
Falsear tu currículum jamás resulta beneficioso, máxime cuando los éxitos obtenidos en una compañía en el pasado no garantizan un éxito idéntico en una nueva empresa, y la historia anterior en otra compañía no se replica automáticamente en la actual.
Hoy en día, los reclutadores se esfuerzan por ser lo más precisos posible y buscan despejar todas las interrogantes al analizar el historial de cada candidato, intentando predecir su comportamiento profesional futuro.
Sin embargo, algunos no aprenden de la experiencia. Hay quienes se aprovechan de ciertos «másteres con esteroides», pero en realidad irrelevantes, para satisfacer su obsesión por los títulos y engordar ficticiamente su vida laboral. Proliferan los casos de programas donde no es obligatoria la asistencia, las calificaciones están infladas, y los trabajos o tesis doctorales son inexistentes o no superarían ni una revisión con herramientas como Turnitin.
La implicación de ciertas personalidades y sus manejos en determinadas instituciones académicas perjudica la reputación de universidades, escuelas de negocios, programas y, por supuesto, de los estudiantes que sí cumplen con las normativas y utilizan de forma adecuada un modelo de formación que debería servir para avanzar en la carrera profesional y obtener mayores beneficios, después de haber demostrado sus méritos.
El dilema radica en cómo afrontar un máster, una titulación, una universidad o incluso una compañía que se ha convertido en un lastre para nuestro porvenir profesional, que representa un estigma para nuestra propia reputación y reduce las posibilidades de encontrar un empleo.
Al igual que con los másteres, el paso por ciertas empresas también puede ser desalentador: Diez años después de la quiebra de Lehman Brothers —un suceso que recordamos estos días— Financial Times contactó con algunos analistas del banco (que eran junior en 2008) para analizar cómo aquel desastre impactó en sus carreras profesionales.
La conclusión es que muchos de ellos optaron por eliminar cualquier mención a Lehman Brothers en su currículum y omitir su paso por el banco en cualquier proceso de selección. Otros, en cambio, descubrieron que a ciertos reclutadores les resultaba atractivo el perfil de quienes habían pasado por esa experiencia adversa, mostrando interés por ella. Es una cuestión de resiliencia, una de esas nuevas capacidades profesionales que exigen quienes buscan candidatos idóneos para un puesto.
El Error como Vía de Oportunidad
Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, sugiere que relatar el haber estado en una empresa con poca reputación «es una señal de haber sobrevivido en un entorno complejo», y esto puede ser valorado positivamente por los cazatalentos o por potenciales empleadores. Un error profesional gestionado de forma adecuada se convierte en una valiosa fuente de información para nuestra experiencia.
Es importante considerar que una experiencia laboral negativa o haber formado parte de una compañía que nos «señala» (de forma desfavorable) puede llevarnos a analizar qué competencias somos capaces de desarrollar. Sin olvidar que también puede servirnos para madurar psicológicamente o para mejorar nuestra tolerancia a la frustración.
Andrés Pérez Ortega, consultor en estrategia personal, propone transformar el error en una oportunidad: «Un inconveniente con un máster podría incluso, con el tiempo, convertirse en una forma de reforzar el prestigio profesional. Los errores que se explican de forma clara y concisa se transforman en un excelente argumento de venta. Podrías argumentar que elegiste mal, pero que aprendiste la lección y que, desde entonces, has realizado muchas otras contribuciones útiles. Si el problema no fue tuyo, sino de los organizadores del máster, podría convertirse en una narrativa de superación. Lo fundamental es dejar claro que, si bien asumes tu parte de responsabilidad, hubo elementos que escapaban a tu control».
Decidir qué Ocultar
¿Es conveniente ocultar que hemos trabajado en una empresa que nos deja «marcados»? Peñalver responde que «depende», y considera que esto puede omitirse si tenemos una trayectoria muy amplia que mostrar en el currículum, o si es necesario simplificarlo (suprimiendo aquello que posea menos valor). Del mismo modo, se podría justificar la eliminación de referencias muy antiguas, como un máster caducado.
También encuentra lógica en la ocultación de esas referencias «porque en ocasiones es conveniente adaptar el currículum al sector o al puesto específico al que uno se dirige. Se trata de seleccionar y enfocar la información». Advierte, eso sí, que «ocultar el haber trabajado en una compañía puede generar huecos en el currículum. Hay quienes recurren a la picaresca de prolongar el trabajo anterior, de afirmar que han invertido el tiempo en un año sabático para aprender inglés o formarse, o que se dedicaron a iniciar un nuevo negocio. Y esto implica mentir. Como norma general, ser auténtico y sincero es lo que más beneficios aporta».
En términos generales, la mayoría de las falsedades en el currículum o en los procesos de selección están relacionadas con la ocultación de experiencias negativas, periodos de inactividad o empleos de corta duración. También se miente acerca de las responsabilidades, fundamentalmente para ajustarlas a lo que el candidato cree que el reclutador desea.
La inflación de conocimientos es otra de las «mentiras» habituales, aunque también hay quienes falsean a la baja su vida laboral, en lo que respecta a la retribución, o desvirtuando su trayectoria profesional. Quizás esto último sea lo que ha llevado a un número considerable de políticos a corregir sus currículums en los últimos tiempos para eliminar másteres, cursos y trabajos que quizás no pueden justificar y que podrían acarrearles problemas.
En realidad, más que preocuparse por los trabajos anteriores que puedas relatar, deberías enfocarte en tus verdaderas capacidades, en cómo reaccionas ante una situación laboral concreta y si estas habilidades se ajustan a lo que exige la realidad del mercado laboral.
Reconstruyendo la Marca Personal
En el caso de los másteres, Guillem Recolons, socio de Soymimarca, ha experimentado en primera persona las consecuencias de una elección equivocada. Asegura que cursó «uno de los mejores programas en dirección de marketing a los que se podía acceder a principios de la década de 1980 en Barcelona. Fue una experiencia fascinante, pero esa escuela, ESMA (Escuela Superior de Marketing y Administración), desapareció hace algunos años, y lo que podría ser un activo valioso para el currículum es ahora un obstáculo. No existe rastro digital de ESMA, y lo que es peor, actualmente Google resalta que la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) es (o fue) un lugar donde se torturaba a presos políticos durante la dictadura argentina».
Para Recolons, «las decisiones desacertadas de unos pocos no invalidan la calidad de un centro. Lo que ha ocurrido con ciertas universidades en España no implica que los estudios cursados allí sean deficientes ni que los alumnos sean corruptos. Los alumnos no tienen ninguna culpa de una posible corrupción, pero sus másteres serán, sin duda, cuestionados durante mucho tiempo».
A esto añade que es posible recuperarse de una formación que pueda generar vergüenza, pero se necesita tiempo, dimisiones, cambios y varios alumnos que sobresalgan en sus respectivos campos de negocio: «La velocidad de mejora de la reputación no es imposible en estos casos, pero sí es muy difícil. Mientras tanto, el máster en dirección de marketing que cursé sigue en mi currículum, pero sin mención de la marca».
Andrés Pérez añade que «una estrategia para evitar un problema de prestigio provocado por un máster problemático es reducir su relevancia en nuestra marca profesional. Quizás un máster ya no sea un elemento decisivo para encontrar un empleo o para progresar profesionalmente. De este modo, un problema con un máster no es más que un pequeño inconveniente dentro de una trayectoria profesional que incluye muchos más componentes».
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