Desarrollo Profesional Continuo: La Clave de la Empleabilidad en la Nueva Era Laboral
Tomar el control de nuestra empleabilidad implica entender que, en la mayoría de los casos, será necesario formarse en áreas, actividades e incluso profesiones distintas a la nuestra. Esto exige un proceso de evolución profesional continua, adaptándose constantemente a los nuevos entornos de trabajo.
Los expertos sugieren que, si el futuro de nuestra empresa, sector o carrera carece de proyección, es recomendable considerar un cambio de ocupación, sector, profesión o incluso carrera. Esta proactividad es crucial para evitar la frustración.
Hoy, es cada vez más común ver a profesionales iniciar trayectorias completamente distintas. Esto se debe a que la estabilidad laboral ya no reside en mantener un único puesto o empresa, sino en la capacidad de adaptarse a diversas oportunidades. La clave de esta transformación no es solo la reinvención profesional, sino la empleabilidad: cómo nos preparamos para la evolución del mercado laboral y los cambios económicos, comprometiéndonos profundamente con nuestra carrera.
Reduciendo la Brecha de Competencias en el Mercado Laboral
Montse Moliner, directora de comunicación de ManpowerGroup, señala que «cada vez hay más personas altamente cualificadas que presentan un déficit de competencias«. Es esencial que todos trabajemos para adquirir nuevas habilidades que ayuden a cerrar la brecha entre la formación académica y la realidad del mercado laboral. Este proceso, aunque requiere tiempo, es una responsabilidad compartida:
- Universidades, empresas y agentes de selección deben colaborar para asegurar la formación continua.
- Las organizaciones deben anticiparse a sus necesidades y adaptarse a un mundo educativo más vinculado al ámbito empresarial.
Valentín Bote, director de Randstad Research, destaca que «la Universidad está empezando a comprender la necesidad de alinearse con lo que exige el mercado«. Este proceso de adaptación es inminente para evitar carreras sin demanda y la frustración de los alumnos, así como el desperdicio de recursos. Un ejemplo son las escuelas de negocios que desarrollan modelos alternativos de formación, donde la rentabilidad de un máster es cada vez más relevante.
José Ignacio Jiménez, socio director de Talengo, menciona que el «gap entre la academia y el mercado laboral es más marcado en países con mayores niveles de precariedad educativa, como España». Resalta la tendencia en EE. UU. de una «aristocracia del talento» donde los más privilegiados acceden a formaciones adicionales.
Begoña Mañanas, directora de comunicación de Catenon, subraya que la brecha entre formación y empleabilidad será aún mayor en los próximos años, urgiendo a implementar medidas eficaces:
- Evaluaciones periódicas de habilidades demandadas por el mercado.
- Mecanismos que reconozcan competencias para trabajadores nacionales y migrantes.
- Incentivos fiscales para empresas que promuevan la formación continua.
- Fomentar la colaboración entre gobiernos, instituciones académicas y empresas.
Bote insiste en que, al elegir carrera, el individuo debe ser «consciente de lo que pide el mercado y tomar decisiones concretas», ya que es una elección con consecuencias para toda la vida.
Adaptación Continua y la Importancia de la Actitud
Moliner afirma que un buen consejo es «conócete a ti mismo«. Conocer nuestras fortalezas y pasiones es clave para identificar oportunidades profesionales. Propone el concepto de «learnability«, que consiste en mantenerse activo y empleable en diversos campos. La estabilidad laboral dependerá más de nuestra capacidad para estar activos que de permanecer en un único puesto o empresa.
Margarita Álvarez, directora general del Observatorio de Innovación en el Empleo de Adecco, asegura que las empresas son conscientes de la falta de formación práctica de los recién graduados. Aunque la formación técnica sea adecuada, los estudiantes no siempre poseen las habilidades transversales que demandan las organizaciones. La actitud y las habilidades personales son cada vez más valoradas, un fenómeno observado en EE. UU., donde algunas empresas prefieren conversaciones con candidatos para descubrir su actitud, en lugar de depender solo del currículum.
Álvarez concluye que la formación continua es vital debido a la rapidez de los cambios y la necesidad de un crecimiento profesional constante. Bote concuerda en que la adaptación al cambio es inevitable y que las empresas valoran cada vez más la actitud hacia la transformación y el aprendizaje.
Finalmente, Bote menciona que un 26% de las empresas enfrentan problemas con la actitud de los candidatos. Aunque la falta de conocimientos sigue siendo relevante, la actitud y la flexibilidad para afrontar un nuevo puesto de trabajo parecen tener un impacto aún mayor. Existe un «desequilibrio importante entre los desempleados y los perfiles demandados».
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