Esfuerzo vs. Facilidad: ¿Hay Trabajo para Quienes Priorizan el «Buenismo» en la Educación y el Empleo?

TRABAJO Y EDUCACIÓN: Qué piensan los «dueños del empleo» y los encargados de selección sobre el gran número de postulantes que llegan a puestos exigentes, protegidos por un sistema educativo que prioriza el «buenismo».

No hay reprobados, ni exámenes. Se eliminan las calificaciones y las exigencias. Se valora la comodidad y el «buenismo» académico para los estudiantes. ¿Es esto lo que los futuros solicitantes de un empleo exitoso realmente necesitan?

Reducir las matemáticas como una materia obligatoria para los estudiantes de Bachillerato que elijan el área de Ciencias y Tecnología o de Humanidades y Ciencias Sociales; ofrecer un plan de estudios menos cargado de contenidos exhaustivos; un sistema educativo que no considera las necesidades de los reclutadores y las empresas; o las recientes declaraciones del ministro de Universidades, Manuel Castells, quien afirma que «castigar a los estudiantes por un suspenso es elitista, lastima a los de abajo y beneficia a los de arriba», son algunas de las novedades más recientes que han influido en el avance del sistema educativo en España en los últimos meses.

Sin embargo, esto, que parece ser una tendencia, no es algo novedoso. Proviene de hace tiempo. Habitamos un país donde cada gobierno introduce su propia ley educativa, un ciclo que se repite desde hace años, conforme a las demandas de cada partido político. Cada nueva ley destruye lo anterior.

El «buenismo», la negación de la cultura del esfuerzo y las políticas que profundizan la desconexión entre el ámbito académico, la economía y las empresas, están condenando a las generaciones actuales y futuras a quedar rezagadas en un mercado laboral cada vez más competitivo.

Condiciones del Mercado Laboral y la Desconexión Educativa

Alberto Gavilán, director de talento en Adecco, subraya que «esto no es un problema reciente. Hay durante tiempo una desconexión entre el ámbito educativo y lo que buscan las empresas. Los reclutadores suelen evaluar cómo se desempeña una persona en un ambiente de exigencia, y si no se cultiva eso en el entorno educativo, se amplía aún más la brecha. Solo un entorno demandante permite desarrollar habilidades”.

Gavilán menciona que «sin hacer la vida complicada a las personas, lo habitual debe ser un nivel de exigencia que nos mejore cada día».

No se puede ignorar que la demanda de empleo en campos STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) está creciendo más que en otras áreas, pero acceder a estas disciplinas requiere una cultura del esfuerzo y habilidades analíticas importantes que no todos los estudiantes tienen, porque la capacidad de enseñanza en este campo se está perdiendo rápidamente.

Juanjo Amorín, el creador y líder de Edix, menciona una «cultura del aprendizaje en el sofá que mezcla la formación con la información y el entretenimiento. Pasamos por alto los mensajes, y de esta manera, no se logra aprender matemáticas, física, química, ni idiomas. Tampoco se adquiere una profesión o un oficio. Se trata de un enfoque excesivamente optimista y de diversión educativa».

Amorín afirma que «los estudiantes carecen de una cultura de esfuerzo y de mérito relacionada con el aprendizaje de un oficio», y considera que «es esencial contar con bases muy sólidas, porque sin ellas, resulta complicado abordar estudios avanzados que requieran más complejidad».

Es importante recordar que los perfiles como los de STEM tienen un papel clave en el avance de la innovación y la productividad en economías desarrolladas. Un estudio de la Universidad de Harvard concluye que la falta de profesionales en STEM se debe principalmente a cambios tecnológicos, «que generan nuevas tareas laborales y hacen que las anteriores queden obsoletas. Los empleos en STEM están a la vanguardia de la implementación tecnológica en el mercado de trabajo».

El sistema educativo es la base fundamental que debe preparar a la sociedad para su futuro dentro de veinte años, y las fallas estructurales que existen desde hace años en materias esenciales como matemáticas dificultan la adquisición de nuevas habilidades y competencias generales, que son realmente requeridas por las empresas. Además, impiden la creación de perfiles con conocimientos técnicos básicos, lo que también mejora la empleabilidad y la productividad.

De acuerdo con un estudio del Banco de España, «poseer buenas habilidades matemáticas explica o aumenta la probabilidad de que nuestro salario crezca un 22% en comparación con alguien que no tenga esas capacidades».

Al evaluar la rentabilidad de los estudios en el mercado laboral, es lógico que quienes buscan empleos seguros opten por carreras que ofrezcan profesiones con futuro, y las áreas de STEM son actualmente algunas de las opciones más confiables para conseguir un buen trabajo. Esto incluye la urgente necesidad de crear un plan de carrera personal, revisando si nuestras habilidades y nuestro esfuerzo serán requeridos en los próximos años, preparándonos para ocupar los puestos que se consideran más demandados.

Los profesionales de STEM enfrentan requisitos muy altos en una sociedad donde prevalece la búsqueda de facilidades, lo que afecta la escasez de estudiantes en carreras relacionadas con la ciencia y la técnica. Las calificaciones que ha obtenido nuestro sistema educativo durante años en informes como el de Pisa, en áreas de matemáticas y ciencias, complican aún más esta situación.

Reconocimiento y Equidad en la Evaluación Educativa

Amorín opina que “nuestro sistema de evaluación es obsoleto” y está a favor de que las valoraciones sean más rigurosas y medibles para los estudiantes más jóvenes, y que no se permita avanzar de curso sin alcanzar un nivel mínimo, porque “si no se evalúan las bases fundamentales de la educación, no se podrá saber si se han adquirido. Estos son conocimientos esenciales para la siguiente etapa de formación superior”.

En esta línea, algunas investigaciones proponen establecer estándares académicos desde la educación preescolar. Estos estudios argumentan que los niños que asisten a un preescolar de alta calidad están mejor preparados para la escuela y también para contribuir a la economía a largo plazo. Además, argumentan que este aumento en los requisitos en la etapa preescolar conduce a mayores ingresos en el futuro.

Juanjo Amorín enfatiza la importancia de tener evaluaciones con puntajes que permitan asegurar que los estudiantes lleguen a la universidad y a la Formación Profesional con bases sólidas: “Si no importa pasar o no, se perpetuará la laxitud en toda la vida. Se fomenta una cultura de esfuerzo mínimo, y esto impacta negativamente en quienes tienen menos recursos, como aquellos estudiantes cuyos padres trabajan y no pueden ofrecerles ayuda extra. Lo más justo es llevar la educación a estándares que midan el conocimiento del estudiante, sin caer en un enfoque excesivamente crítico. Esto implica ayudar al más vulnerable y evita que este cargue con una falta de fundamentos básicos, que son la base de su futuro profesional. Esto le permitirá competir en una carrera exigente más adelante”. Además, hay que tener en cuenta que compensar nuestras debilidades no se trata únicamente de obtener títulos, sino de adquirir experiencia y nuevas habilidades.

Elena Ibáñez, fundadora de Singularity Experts, está de acuerdo en que “si no promovemos y valoramos el esfuerzo, estamos haciendo una injusticia hacia aquellas personas que tienen menos habilidades. No premiar el esfuerzo equivale a favorecer a quienes nacen en mejores condiciones económicas, ya que quien crece en un entorno menos favorable acaba dependiendo del deseo de superación”.

Reflexionando sobre la ‘Titulitis’ y las Habilidades Reales

Javier Caparrós, quien lidera las soluciones de reclutamiento profesional en Manpowergroup España, menciona que “en la actualidad, en los procesos de contratación que realizamos, ninguno de nuestros clientes solicita el historial académico. Generalmente, se enfocan en el diploma, las competencias, y en si el candidato puede ejecutar el trabajo, así como si tiene experiencia previa en ello. Sin embargo, el aspecto educativo no es ahora un factor muy importante. En el pasado, muchos procesos de selección requerían el historial académico como filtro para evaluar candidatos. Aún hay algunas organizaciones donde el historial académico tiene peso. Pero más allá de eso, lo que realmente importa son las habilidades”. Está claro que Caparrós comparte la opinión de reconocidos líderes como Elon Musk, Jeff Weiner o Laszlo Bock, quienes promueven la idea de “habilidades por encima de títulos”. Recientemente, han expresado provocativas opiniones que sostienen que es posible lograr acceder a roles futuros con éxito sin títulos de universidades o escuelas de negocios que no se han ajustado a las transformaciones de un mercado laboral cada vez más incierto.

Juanjo Amorín, quien es el fundador y presidente de Edix, también señala que “cada vez se buscarán más profesionales con un enfoque digital, y estas nuevas habilidades y capacidades serán más significativas que los títulos académicos, porque estos agentes de cambio digital (que alteran el modelo de relación en las empresas y que saben operar bajo nuevos paradigmas de trabajo y relación con la organización) no deben ser únicamente personas tituladas, sino aquellas que saben hacer. Por tanto, se necesitan nuevas competencias para transformar una empresa en metodologías ágiles, para acelerar la adaptación y saber cómo cambiar a los equipos de trabajo. En este proceso de transformación, se requieren individuos con habilidades digitales que puedan gestionar proyectos, no solo aquellos que tengan títulos que respalden su capacidad de generar cambios”.

El concepto de «learnability» (la curiosidad y la habilidad para adquirir nuevas competencias con el fin de seguir siendo empleable a largo plazo) se considera una de las capacidades profesionales más solicitadas. La premisa es que la empleabilidad que cada persona debe construir ahora está menos relacionada con lo que ya sabe, y más con lo que puede aprender, debido a que los ciclos de aprendizaje son cada vez más breves. Esto nos obliga a reflexionar sobre cómo evolucionará nuestra situación laboral y qué habilidades serán necesarias para estar listos en el siguiente nivel.

La clave radica en la actualización y en la capacidad de renovarse, añadiendo conocimientos para avanzar en la trayectoria laboral y mantener la empleabilidad.

Destrezas Ágiles y Adaptación a la Realidad Laboral

  • Para muchas de las nuevas profesiones, las universidades están actuando más lentamente de lo que las empresas requieren, y hay quienes creen que se pueden aprender habilidades útiles sin necesidad de un título universitario.
  • Algunos estudios sugieren que se pueden adquirir habilidades específicas en solo unas semanas, lo que lleva a buscar atajos para obtener ciertos trabajos que no solo son buscados, sino que también ofrecen buenas remuneraciones. Así, se puede crear una lista de empleos muy valorados que se pueden aprender rápidamente.
  • Sin embargo, ante la promesa de estas habilidades rápidas que facilitan conseguir trabajo velozmente, surge la pregunta de si este método es realmente válido o si estamos ante nuevamente un caso de «pan para hoy y hambre para mañana» en términos de futuro laboral. Pueden beneficiarse aquellos que ya tienen experiencia, pero solo aprender esto no es suficiente.

Ajustarse a la Realidad que nos Rodea

  • El ámbito académico y el sistema educativo deben evolucionar para promover el aprendizaje continuo y adaptarse a las transformaciones del entorno económico real.
  • La curva de aprendizaje debe ir más allá de solo aprender a aprender, también debe incluir desaprender y luego aprender de nuevo.
  • El sistema educativo tiene que ajustarse al hecho de que viviremos más años, lo que significa que nuestras carreras profesionales serán cada vez más prolongadas.
  • La elección de nuestra carrera, las habilidades que hemos desarrollado y la discrepancia entre lo que enseña la Universidad y lo que demanda el mercado pueden ser factores que contribuyan a nuestro fracaso en la búsqueda de empleo o a quedarnos obsoletos y confundidos en nuestro actual trabajo. Un empleo que está en riesgo de desaparecer en un entorno laboral en constante cambio.

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