¿El «Facilismo» Educativo Amenaza la Empleabilidad? Exigencia y Habilidades Clave en el Futuro Laboral

Los «dueños del empleo» y reclutadores se cuestionan el futuro de los aspirantes que, influenciados por un sistema educativo que prioriza el «buenismo«, llegan sobreprotegidos a un mercado laboral cada vez más exigente. ¿Es la comodidad y la ausencia de rigor académico lo que necesitan los futuros profesionales para tener éxito?

En España, decisiones como eliminar las matemáticas obligatorias en algunos bachilleratos, reducir la carga de contenidos o declaraciones de figuras como el exministro Manuel Castells («condenar a los alumnos por un suspenso es elitista»), reflejan una evolución del sistema educativo que, lejos de ser nueva, ha marcado una desconexión creciente con las necesidades de las empresas. Cada nueva ley educativa, impulsada por intereses políticos, ha profundizado esta brecha. El «buenismo», la negación de la cultura del esfuerzo y las medidas políticas que ignoran la realidad económica, están llevando a las generaciones actuales y futuras a una posible marginación en un mercado laboral crecientemente competitivo.

La Imperativa de la Exigencia en el Desarrollo Profesional

Alberto Gavilán, director de talento de Adecco, subraya que la brecha entre el mundo académico y las demandas empresariales no es un fenómeno reciente. Los reclutadores valoran la capacidad de una persona para desenvolverse en entornos exigentes, y si esta exigencia no se fomenta en la educación, la diferencia se acentúa. «Solo un entorno exigente hace que se desarrollen las habilidades», afirma Gavilán, destacando que un «punto de exigencia» es esencial para el crecimiento personal y profesional.

Aunque la demanda de disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) no para de crecer, el acceso a estas carreras exige una cultura del esfuerzo y capacidades analíticas que no todos los estudiantes poseen, en parte porque la enseñanza en este ámbito se ha debilitado. Juanjo Amorín, fundador de Edix, critica una «cultura de la educación de sofá», donde la formación se confunde con información y entretenimiento, lo que impide un aprendizaje profundo de materias fundamentales o de un oficio. Para Amorín, es un «buenismo y entretenimiento educativo» que aleja a los alumnos de la cultura del esfuerzo y la meritocracia ligada al aprendizaje. Considera que son necesarios «fundamentos de base muy exigentes» para abordar estudios superiores complejos.

Los perfiles STEM son cruciales para el crecimiento de la innovación y la productividad en economías avanzadas. Un estudio de Harvard señala que su escasez se debe, en gran medida, al cambio tecnológico que crea nuevas tareas y obsoletas otras. El sistema educativo debe ser la base para preparar a una sociedad para el futuro. Sin embargo, las deficiencias en materias fundamentales como las matemáticas dificultan la adquisición de habilidades y competencias transversales que las empresas realmente demandan. Esto, a su vez, obstaculiza la generación de perfiles con un conocimiento técnico sólido que impulse la empleabilidad y la productividad. Una investigación del Banco de España indica que una buena competencia matemática puede aumentar el salario hasta un 22%. Para un empleo seguro y exitoso, las carreras STEM son una vía fiable, lo que exige un plan de carrera que contemple la evolución de las habilidades y la adaptación a los puestos más demandados.

La preferencia por el «facilismo» en la sociedad se refleja en la escasez de alumnos en carreras científicas y técnicas, un problema agravado por las bajas puntuaciones en matemáticas y ciencias en informes como el de Pisa.

Mérito, Justicia y el Futuro de las Capacidades

Amorín califica nuestro sistema de evaluación de «anacrónico» y aboga por evaluaciones más exigentes y cuantificables desde edades tempranas, sin permitir el paso de curso sin un nivel mínimo. Asegurar los conocimientos básicos es «imprescindible para el segundo round de la formación superior». Investigaciones respaldan la exigencia académica desde la fase preescolar, argumentando que prepara mejor a los niños para la escuela y contribuye a mayores ingresos a largo plazo.

Amorín insiste en la necesidad de evaluaciones con puntuación para garantizar que los estudiantes llegan a la universidad o FP con bases sólidas: “Si no importa pasar o no, se perpetuará la laxitud en toda la vida. Se fomenta una cultura de poco esfuerzo que perjudica especialmente a quienes tienen menos recursos, al no poder compensar la falta de apoyo extraescolar. Lo «más social» es establecer baremos de cuantificación del conocimiento para apoyar a los más débiles y evitar que arrastren déficits que les impidan ser competitivos en carreras futuras exigentes. Además, compensar debilidades ya no se limita a títulos, sino a adquirir experiencias y nuevas capacidades. Elena Ibáñez, de Singularity Experts, coincide en que no fomentar el esfuerzo es perjudicial para quienes tienen menos capacidades, ya que «privilegia a los que nacen económicamente más favorecidos».

Adiós a la ‘Titulitis’, Bienvenidas las Habilidades Reales

Javier Caparrós, de Manpowergroup España, observa que en los procesos de selección actuales, los clientes ya no solicitan el expediente académico. La prioridad es el título, las habilidades y la capacidad para realizar el trabajo. Esto alinea su visión con la de gurús como Elon Musk o Jeff Weiner, defensores de la máxima «capacidades y no títulos«. Ellos han declarado que es posible acceder a puestos exitosos sin títulos universitarios o de escuelas de negocios que no se han adaptado al cambiante mercado laboral.

Juanjo Amorín añade que la demanda de profesionales con orientación digital crecerá, y sus nuevas capacidades y habilidades de futuro serán más importantes que los títulos académicos. Estos «reconstructores digitales» deben tener un «saber hacer» que les permita transformar compañías con metodologías ágiles y gestionar proyectos, más allá de lo que demuestren sus credenciales.

La ‘learnability‘ (curiosidad y capacidad para aprender nuevas habilidades y mantenerse empleable a largo plazo) es una de las capacidades profesionales más demandadas. La empleabilidad ya no depende tanto de lo que se sabe, sino de la capacidad de aprender, dado que los ciclos de aprendizaje son cada vez más cortos. Esto nos obliga a reflexionar sobre cómo evolucionará nuestra posición y qué se requerirá en el próximo nivel para estar preparados. La clave es actualizarse y reinventarse para avanzar en la carrera y seguir siendo empleables.

Habilidades Exprés y Adaptación al Mundo Real

Para muchas profesiones emergentes, la formación universitaria tradicional no sigue el ritmo de las necesidades empresariales. Hay quienes creen que se pueden adquirir conocimientos valiosos más allá de un título universitario.

Algunos estudios sugieren la posibilidad de adquirir ciertas habilidades en pocas semanas, abriendo «atajos» para posiciones específicas y bien remuneradas. Esto permitiría crear un catálogo de puestos muy cotizados asociados a habilidades de rápida adquisición.

Sin embargo, la promesa de estas «habilidades exprés» plantea la duda de si son sostenibles a largo plazo o si se trata de un «pan para hoy y hambre para mañana» en el ámbito profesional. Pueden complementar un background existente, pero no son suficientes por sí solas.

El mundo académico y el sistema educativo deben adaptarse para facilitar el aprendizaje a lo largo de toda la vida, amoldándose a los cambios del mundo económico real. La curva de aprendizaje debe evolucionar de simplemente «aprender a aprender» a «aprender a desaprender y volver a aprender«. Además, el sistema educativo debe considerar una vida profesional cada vez más larga. La falta de adaptación entre lo que enseña la universidad y lo que pide el mercado puede llevar al fracaso en la búsqueda de empleo o a la obsolescencia en un puesto que, además, tiene muchas probabilidades de desaparecer en un mercado laboral en constante cambio.

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